martes, 11 de diciembre de 2012

Carreteras tristes

Muchas noches me repito
la dichosa pregunta que un día le hice a Mena:
-¿pero tú qué te creías que era la vida?


Y no digo nada.
y al rato me siento estúpido y egoísta
porque hace ya tiempo
que me sé lo de que tendemos a vernos víctimas a nosotros mismos.



Para terminar empezaría
con las veces que me he muerto de ganas
y rematado de realidad

te diría que no se puede vivir a costa de errores
en esta ciudad sin mar;

que las d(e)udas se pagan,
las ofensas se pagan,
mientras las oportunidades se apagan
y te ves con cara de no saber qué hacer
para poner esa sonrisa
de bienvenido todo lo que sea que venga

pero que viene regular.
Y se queda

y se acumula
como una montañita de recuerdos que te forjan
en la mediocridad para tantos
y en la especialidad para tan pocos,

como la nostalgia por no sé qué
que viene de soslayo
y que trae consigo esas ganas de llorar.
Se acumula.

Y te define.
Quizá se note más a la larga,
pero te va trazando la arruga
que vas a llevar para siempre.

Puede que sea
que no me esperaba tanta carretera en el rostro
a estas alturas,

menos mal que me he quedado en menos de 1'70
y si quiero
puedo encogerme de todo

hasta desaparecer.

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