sábado, 29 de diciembre de 2012

Sé de falta de

Sé de sobra
cómo empezar una poesía de amor.

Yo también he mojado
sueños de resaca anhelante.
Hace tiempo,
pero sé lo que es clavar una espina en la espalda
en la que he sido caricia,

en la espalda
en la que he dormido lágrimas y bostezos.

Sé de sobra que el silencio
si te mira a los ojos
habla y te derrite,
te derrota,

te enamora.

Te hace ser
el punto más importante de todo el libro,
el punto más redondo y perfecto.

Hace tiempo,
pero de vez en cuando me acuerdo de las mariposas
porque mi estómago 
las echa de menos.

Mi boca se sacia con lo que le doy

y mis dedos
navegan por cuevas chorreantes
sin magia,
pero acojedoras.

He encontrado
que hay una búsqueda del Yo en mí
y del Ella en todas,

pero no hay rastro de especiales
ni de embrujo
en las bocacalles y me atrapo
y me falta saber cómo acabar
los intentos de poesía de amor
sin que parezcan una canción desesperada.

martes, 11 de diciembre de 2012

Sin-táctica ni estrategia

(homenaje obvio a la poesía "Táctica y estrategia" de Mario Benedetti)

Mi táctica es

que tengo un revuelto de procederes
a la hora de tenerte cerca, "de mí a tú",
que no me decanto a resolver
cuando ahora, de repente, sueltas los dientes tímidamente,
si resulta que no eres tímida
y era broma de carcajada.

Mi táctica es, decía,
mirarte,

mirarte mucho,
también cuando no me ves,
y morirme de ganas disimuladas por darte un beso;
que nos demos o permitamos un polvo
y no dar con la tecla "sí" para que a ti te pase.

Mi táctica es
compleja,
oculta,
pues no la he descubierto ni yo...
e igual por eso
intento darle forma escribiendo esto.
Ofensiva sin ofender,
es decir,
anárquica
pero tímida.

Consiste en escapar,
en que nos escapemos juntos de lo esperado,
del amor civilizado
que no quería Sabina.

Supongo que en desracionalizarte,
en que pierdas la cabeza junto a la vergüenza y el salvavidas
y me dejes el honor de ser éste último
cuando las fuerzas no den para evitar ahogarse.

Mi táctica es
imaginar un millón de situaciones juntos
y contártelas maquilladitas,
al menos tu parte, donde entras tú,
tan bonita, claro.

Pues esa parte, maquillada a base
de "ellas" ideales que, curiosamente, se te parecerán.
Que te remuevan o conmuevan
hasta desear
llevarlas a cabo
(o a golfo).

Mi estrategia es (si se diera esto último)
lo único que parece obvio:

Que te des cuenta de que sería yo el golfo,
ya que soy el que tiene en la cabeza los pájaros
con los que te apetece cantar.
Que tiraría el muro que pusimos
y unas cuantas pistas,
y, aunque me andaría con cuidado
cual funambulista,
espero dar con el objetivo final;

que depende de tantas cosas
que todavía no sé cuál es, pero me da
la sensación de que los tiros van a ir
por donde Benedetti disparó el suyo.

Tantear la necesidad,
aunque todavía quede tan lejana.

Carreteras tristes

Muchas noches me repito
la dichosa pregunta que un día le hice a Mena:
-¿pero tú qué te creías que era la vida?


Y no digo nada.
y al rato me siento estúpido y egoísta
porque hace ya tiempo
que me sé lo de que tendemos a vernos víctimas a nosotros mismos.



Para terminar empezaría
con las veces que me he muerto de ganas
y rematado de realidad

te diría que no se puede vivir a costa de errores
en esta ciudad sin mar;

que las d(e)udas se pagan,
las ofensas se pagan,
mientras las oportunidades se apagan
y te ves con cara de no saber qué hacer
para poner esa sonrisa
de bienvenido todo lo que sea que venga

pero que viene regular.
Y se queda

y se acumula
como una montañita de recuerdos que te forjan
en la mediocridad para tantos
y en la especialidad para tan pocos,

como la nostalgia por no sé qué
que viene de soslayo
y que trae consigo esas ganas de llorar.
Se acumula.

Y te define.
Quizá se note más a la larga,
pero te va trazando la arruga
que vas a llevar para siempre.

Puede que sea
que no me esperaba tanta carretera en el rostro
a estas alturas,

menos mal que me he quedado en menos de 1'70
y si quiero
puedo encogerme de todo

hasta desaparecer.