martes, 22 de abril de 2014

Asesinato involuntario ante una lluvia de estrellas

Me siento a fumar
un cigarrillo en la taza

mientas veo salir
de un agujero en la pared
a corretear por el suelo
de mi casa

del pueblo

un grupo de hormigas
que a la mente me traen a Lorca
porque, si miro un poco más arriba,
por la ventana
veo las estrellas.

Y me pregunto
si se detendrán ellas
esta noche a mirar
la lluvia de meteoros.

Eso me ha hecho recordar
a las cucarachas que aparecen de vez en cuando
y por cualquier parte
de mi piso de la terra

y en mí
intentando mostrarles el camino,
la salida a la terraza
para no tener que acabar con su senda.

Éstas, seguro, nunca habrán visto las estrellas,
pues no las he visto ni yo
en el cielo “naranja-minado” de la city de las taronjas.

Al levantarme,
piso sin darme cuenta
un par de hormigas
que andaban cerca.

Han quedado moribundas,
medio tiesas.

Algunas compañeras
acuden valientes a portarlas,
devolverlas a casa
a través del agujero;

y quiero imaginar que, como la hormiga del poema de Lorca,
al menos ellas,
sí han visto alguna vez las estrellas.

Aun así, salgo del baño triste,
meditabundo,

cagándome en Dios,
en la contaminación,
en la lluvia de Líridas,
en los hombres

y en la puta vida eterna.

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