Voy a intentar
escribir el rock de los vicios- Los Rodríguez
Voy a intentar no esconder mis quebraderos de cabeza
de las veces en que me lanzo desde los precipicios
a intentar, a solas, de tratar
las heridas que me abro yo mismo
con etanol, drogas y amor
del falso
del de siempre.
Voy a tratar de hacerme daño
en la soledad de esta habitación que me asfixia
con todas mis inseguridades y fracasos
viciándome
el aire, el cuerpo y el alma
asaltándome a cada calada,
ahogándome a cada trago,
jodiéndome la vida
después de cada paja.
Voy a vivir exclusivamente de recuerdos
en esta habitación inerte.
Voy a morir de presente,
a bombear de presión
y, como siempre,
a obviar la ilusión que es el futuro,
porque lo es sólo para los valientes.
Repito, voy a tratar de hacerme daño,
joder,
ya es hora.
Voy a decirme lo mierda que soy
delante del espejo
después de haberme aspirado
todas mis aspiraciones en esta ciudad
después de haberme gastado
el puto fuego a mí mismo
de tanto, esperando, fumar
(si ya sabía que
esperar
nunca me ha llevado a nada…);
después de haberme bebido mi futuro como si no hubiera mañana,
sino
solamente un abismo de mar donde poder ahogarme.
Me muevo por el cuarto,
por mi cabeza
y por la vida
como una peonza desquiciada y borracha,
dando vueltas sin sentido, propósito ni rumbo,
violentamente,
hasta que me detiene algún golpe
hasta que me doy contra el quicio de alguna puerta,
da igual si de entrada o de salida.
Pero, cuando me recupero, me lanzo de nuevo.
La vida es circular
y los círculos son viciosos.
Yo soy un círculo,
que no una esfera;
imperfecto,
en-cerrado
en este cuadrado con aristas,
en este simulacro de hundimiento
con pretensiones de artista.
Voy a intentar escribir el rock de los vicios.
El rock perdido
de todo lo que me pierde.
Aunque evitaré hablar de mujeres.
Ya que ninguna tiene la culpa
de esta cabeza borradora de sentimientos,
de la fugacidad de mis fugas,
de este miedo a la felicidad y al sufrimiento
como estados de ánimo relacionados que son.
Ellos forman parte de otro círculo.
Uno en el que nunca he llegado a entrar,
por temor a la autodestrucción.
Siempre he preferido dar vueltas de manera salvaje,
a pesar de las secuelas.
A caballo entre resaca y borrachera.
Conmigo nunca ha ido la cosa.
No tratéis de buscarme las lágrimas
si no es en algunas comas.
Hace tiempo que no me quedan.
Ninguna de mis nostalgias ha llegado al grado de tristeza.
Por eso es que hoy bebo solo,
sin hielo ni mezcla.
Sin nadie.
Por eso es que estoy tratando de hacerme daño.
Para ver si de una puta vez
soy capaz de sentir algo
tan fuerte
que me haga vomitar.
Para ver si me involucro con algo
por fin y de verdad
o sigo con mi actitud volátil, casi ciclotímica,
pero inamovible
cómodo serpeando
por los meollos de los ríos de piedras.
Voy a ir a parar al mar
que esta ciudad sí tiene.
Pero, llegado el momento definitivo,
esta vez no me ahogaré.
Continuaré
hecho una porquería,
empapado y harapiento.
Llegaré a avistar tierra firme
(falsa ilusión).
Y pisaré inestable
y seguiré viviendo a costa de errores
y seguiré viviendo a costa de errores
como he hecho siempre,
escribiendo rocanroles (de)cadentes.
Dejándome caer
levantar
y llevar.
Después volver a caer.
El orden es innegociable.
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