domingo, 26 de mayo de 2013

Motivos para no dormir

La inercia. El trajín con el que pasa el tiempo, agitándose. El balanceo de los pensamientos. El vaivén de las posturas. Y las consultas con la almohada. Sin cita previa. La fiebre del sábado. Dos muelas del juicio, rompiendo. El dolor. El olvido. Los recuerdos. Que te asaltan. Un par de chicas. Los problemas; y la filosofía. La multiplicación de los problemas. Las matemáticas. Bueno, las matemáticas no. Pero la suma de los factores. La alteración, o la calma. Lo que tú elijas. El producto. Los cigarrillos. La NBA. “Dormir es de cobardes”. Con esa frase en una pancarta, mi glándula pineal en huelga nocturna de melatonina. Desde la adolescencia. La electricidad del cerebro, soltando chispas. Prender un fuego. Y arder… La noche, joder. Sólo decir “la noche” es un motivo. El pasar de las cosas. La sucesión de los sucesos. Los parpadeos. De luces. Los guiños. Los bares. Y la oscuridad. Otro par de chicas. Las estrellas. Las fugaces. Hacer magia. Lo efímero. El desvanecimiento. Mirar al cielo, aferrándose; posponiendo el nuevo día. Negro. O naranja. Como la vida. Depende de las farolas. La contaminación lumínica. Y los borrachos abrazados. La confusión. La lucidez. Los ojos bien abiertos. Y la precipitación del amanecer. Verlo. Desde el principio. Y una cerveza. Intentar describir. Tratar de escribir. La poesía. O la filosofía, otra vez. Y los búhos. En vela. Desvelar(se). Los secretos. Pero a tu lado. Las conversaciones sin prisas. Las aceleradas. La noche, joder, la noche. Cerrada. A las diez. Pero abriéndose. Poco a poco. A todo(s). Cualquier cosa puede ocurrir. El “qué más quieres”. El “qué nos queda”. -Me apetece el último cigarro. Good Lucky. Ya es mañana. Siempre hay motivos para no dormir. De noche, claro. De noche.

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