Hoy
el calendario indica la llegada
del verano.
Sin embargo
llueve
ahí afuera,
y hace frío,
y hay gatos
intentando no mojarse,
y gente
tratando de dormir.
Todo es más triste
últimamente.
Es
como si nadie encontrara
su sitio
en este puto país.
Pasan cosas
pero
es como si todo nos
sucediera dentro de un enorme paréntesis
[aunque los paréntesis
sirven a modo de aclaración, y aquí no se está aclarando nada],
es como si sintiéramos
desapego hasta de nosotros mismos,
como si ésta no fuera
nuestra vida.
Como
si de verdad
no pudiera serlo.
Pero sí lo es.
Aunque no sea con la que
soñábamos.
La resignación va
ganando la batalla,
ellos
van ganando la guerra.
Pero
aun así
nosotros peleamos
y peleamos
y peleamos.
Tenemos mil frentes
abiertos.
Ellos
sólo tienen una cosa en
qué pensar:
cómo mantener su culo
cómodo y a salvo
y en eso
emplean todas sus
fuerzas.
Nosotros
mientras tanto
nos jugamos el corazón
en el día a día,
sangramos por nuestro
futuro y el de los nuestros.
Peleamos
y peleamos
y peleamos
primero
por sobrevivir en este
agujero.
Después,
al que le quedan
fuerzas,
por intentar escapar de
él.
Por encontrar la manera
de patear su corrupto
culo
culpable
y alejarlo de nuestra comida,
de nuestro porvenir.
Avanzamos muy
lentamente.
Su culo es demasiado
gordo
y no paran de
alimentarlo.
Mientras
la gente
sigue peleando
ahí afuera,
por poder
dar de comer a sus hijos,
por un futuro que se nos
niega,
por salir
de una puta vez
de este profundo agujero.
Por no tener más
la sensación
de estar viviendo
en medio
de este
puto
paréntesis